(performances 1987-2007)
Registrados en video
Prólogo
Caudillo (Con higuerilla)
Asfalto
Caudillo (Con machete)
Caudillo (Con lengua)
Amanecer de fango
Ambulancia I
Venus
Hombre coca
Brigada de corrección
moral
(Fuego)
Corona de miedo
Invierno - infierno
Ola de algodón
Brigada de corrección moral
(Ración elemental)
Sur
Bola de mugre
Piedra I
Adormidera
Ambulancia II
Casita de arroz
Roto
El cuarto del artista
Caudillo (Con bebé)
Brigada de corrección moral (texto)
Objetos de acciones políticas
Exhibidos en:
Galería Casas Riegner, Bogotá, 2008.
Feria de Arte de Milán (MIART)
MAAC de Guayaquil, 2008.
la vitrina, lugaradudas, Cali, 2008.
Registro en video:
Mauricio Vergara (Morris).
Fotografías:
José Kattan y Oscar Monsalve
Biografía
Bibliografía
Exhibiciones
Entrevista Contacto
Próximos Eventos - 2009
Todos los Derechos Reservados.
© rosemberg sandoval. 2009. |
Soy un artista montañero y pobre, de padres campesinos desplazados,
soy el menor de catorce hermanos.
Hacer arte es y ha sido para mí un desafío contra todo.
Contra el dinero, contra el gusto, contra el mito del arte y contra
los viajes obligatorios a Norteamérica y Europa.
Sólo a través de libros u otros recursos he podido construirme
un gran Quipú a manera de Vía Láctea en expansión
que anudo en mi guarida, viajando a través de mi ser, autodescubriéndome.
La primera acción corporal que presencié y que me produjo
muchas cosas y nada una y otra vez, la hacía una hermana de mi
papá que vivió algún tiempo con nosotros estando
yo muy pequeñito y consistía en permanecer sentada y quieta
sobre su baúl de madera cruda, contenido de sus pequeñas
cosas, para luego cortar esa quietud absoluta, con un estado de convulsión
que la tumbaba brutalmente de su pedestal, hiriéndose alguna
ceja, la boca o sus codos. La imagen de ella con su mirada fija en el
vacío y ataviada con un remendado vestido de ?ores, su rostro
desdentado y su cabello lacio tocado cuidadosamente con una diadema
brillante, siempre quedó en mí.
En 1981 empecé mi carrera como artista directamente en una institución
agonizante: el Museo Nacional, y me obsesionaba una preocupación...
¿Cómo mierda voy a vivir con esta obra tan enferma y con
este proyecto de vida tan suicida en este entorno tan podrido?
Necesitaba entonces una coartada, algo así como una beca y conseguir
a través de ella un subsidio en Nueva York. Hice vueltas con
el consulado en Bogotá, y no, hijueputa, ni mierda. Me tocó
quedarme aquí, en cautiverio, alimentando una actitud descuadernada
y disuelta a todas mis actividades pero coherente y centrada en anudar
lo ancestral-actual y lo lumpen-eterno; transustancializando la política
y la historia como riesgo entraña y forma irreversible, en un
alrededor tejido inconexamente de errores sociales, políticos
y económicos y tratando de entender el mundo desde ecosistemas
plástico-visuales y prácticas de otra naturaleza inventadas
con procesos anónimos en lugares robados y tratados con materiales
crudos, mutantes y medios difusos, borrosos, inestables, irritados,
pero conectados con la estética del dolor y la muerte.
Saltarme las instituciones es para mí muy divertido y fácil,
aunque vivir de lo que produzco sí ha sido un problema agudo,
pues vender o dejar en consignación en una galería de
arte un grabado impreso sobre piel de cadáver de niño,
conservado en un frasco con formol sostenido con una astilla de vidrio,
es una utopía de adquisición para un coleccionista normal,
ahora y hace veinte años. El grabado era una tiernísima
y cartográfica ciudad en forma de snoopy.
Estudié en la escuela de Bellas Artes de Cali, sabía de
antemano que no me iba a graduar, pues cuando ingresé circulaba
muy suelto entre la historia y la política, la axiología,
la estética y la semiótica. Mi vida se a?anzó allí
como una libreta de apuntes contra el tiempo y sin necesidad de legitimación
para crear. En esta misma época y siendo estudiante aún
(1977–1980) diseñé en secreto un grupo suicida para
el arte. Se trataba de acciones corporales (performances) con articulación
política y estética, eran comportamientos comprimidos
de valor de uso y atestados de valor moral, veri?cables en ese termómetro
fácilmente modificable y ético que se vive en nuestro
país. Estas performances no podían ser registradas por
razones obvias, los utilizados (performers) fueron siempre esos deprimiditos
obedientes y arrojados, además nada difíciles de ubicar.
Mis primeros dibujos los elaboré con cabello mío, encima
de esquirlas de vidrio de seguridad que hacían parte del escenario
de un crimen contra un infante cometido cerca de mi casa. Al presentárselos
a mi profesor de dibujo y pintura Carlos Correa (q.e.p.d.) me felicitó,
y yo de la felicidad le hice un pebbles pequeñito con un lápiz
fucsia encima de su saco de paño gris impecable que casi siempre
lució. Los dibujos que le presenté eran coronas de laureles
y juguetes silueteados con cabello, en formato diminuto.
En estas casi dos décadas me he enfrentado y me enfrento ante
la parroquia del arte armado con una explosión densa de géneros
y medios manejados sobre una franja de tolerancia alimentada por el
poder de lo marginal, signada por el no y con mi intuición manejada
como un acto de barbarie superior rearticulando mi lugar y conectándome
con una línea abierta de investigación, desarrollo y sensación:
Nazca – Guadalupe Posada – Torres García –
Oiticica.
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Por otra parte, el espacio nada euclidiano, roto
interestelar y objetual del cubismo.
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La basura redimida de Schwitters y el collage
fotográfco del dadaismo berlinés.
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El arte hecho infusión en el productivismo
ruso.
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La indiferencia de Brancusi.
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La neutralidad psíquica de Duchamp, los
comentarios sobre el tiempo mecánico de Picabia, el autismo
y el desasosiego de Magritte.
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La violencia hecha limbo de Fontana.
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La estructura y el anatema en Débora Arango.
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Lo libertario, la re-invención de Marx
y la necesidad de romper la historia como espectáculo en
los situacionistas.
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Del arte de la muerte del arte, Cage, Nam June
Paik, Beuys, Vostell, Nauman, Kosuth, Haacke, Horn, una media docena
de poveras... Ligia Clark.
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De la deconstrucción, las intervenciones
sociales con sierra de Gordon – Matta Clark.
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De Rudolf Schwarzkogler, Herman Nitsch, Brush,
Muehl, Arnulf Rainer, la pasión, la histeria y el sacri?cio
con cordero secreto incluido como el suicidio de Rudolf.
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De Salmona la unidad del yo y el todo y la arquitectura
como tejido de condición moral, estética y política.
En mi bello país exhumo la historia anónima u oficial
y saqueo lúcida y fatigosamente residuos del arte europeo
y norteamericano.
Produzco arte para nadie en un país sin estado y con mucho
miedo; pues el destinatario o consenso siempre estará, y
quién sabe hasta cuándo, en Kassel, Münster,
Nueva York, Berlín o Basilea.
En Bogotá o Cali también podría estar el consenso,
claro que sí; más bien el ascenso digno al reconocimiento.
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Construyendo una logística y estrategia
del medio, buscando articulación y diálogo internacional
y otras operaciones de conciencia, juicio, voluntad, ética
y estética.
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Privilegiando la recirculación y digestión
de la obra.
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Inventando otros espacios superiores y magnetizarlos,
dándoles importancia a programas educativos y haciendo de
nuestra barbarie un régimen de inteligencia, pues es el arte
lo único que nos permite convivir con la muerte.
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(1981-2008)
Prólogo
Extensión
10 de marzo de 1982
12 de marzo de 1982
Acciones individuales
Síntoma
Objeto de cura
Caquetá
Cauca
Children´s room
Diana
A manera de emergencia
Puñal
Alcalde popular
Caribe
Yagé
Arru-rrú
Sueño plata
Mami, tengo miedo
Villa pum-pum
Baby Street
Mugre
Morgue
Ana María
Bebé
Puñal, pañal
Dibujos privados
Rose-Rose
EU-ropa
Pintura sucia
Pintura robada
Mugre UN
Banderas sucias
Arrozudo
Jamundí
Emberá - Chamí
Dibujos en Rojo:
Casita de Arroz en Rojo
Dibujos en Rojo:
Duchamp en Rojo
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